Una ciudad flotante
Una ciudad flotante »Se da como cosa cierta que el papa Pío IX ha designado para sucederle al príncipe imperial.
»Dícese que Hernán Cortés ha acusado de plagiario a Napoleón III por su conquista de Méjico».
Así que el Ocean-Time hubo recibido suficiente cosecha de aplausos, el honorable mister Living, un tenor bastante buen mozo, suspiró la hermosa isla del mar, con toda la aspereza de una garganta inglesa.
La lectura «reading» me pareció de interés muy dudoso. Un digno hijo de Tejas leyó, en voz alta, algunos párrafos de un libro que había empezado a leer en voz baja. Fue muy aplaudido.
El Canto del pastor, para piano solo, por mistress Alloway, inglesa que tocaba con la fuerza de un rubio picapedrero, como hubiera dicho Teófilo Gautier, y una pantomima escocesa del doctor T… dieron fin a la primera parte del programa.
Después de un entreacto de diez minutos, durante el cual nadie abandonó su puesto, el francés Paul V. nos propinó unos valses inéditos, que fueron aplaudidos estrepitosamente. El médico del buque, joven rubio y presuntuoso, leyó una escena bufa, parodia de la Dama de Lyon, drama muy conocido en Inglaterra.