Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Es que yo, señor, no utilizo nunca la carne de los animales terrestres.
-¿Y esto, entonces?.... repuse señalando un plato en que quedaban todavía algunas lonjas de filete.
-Eso que usted cree carne, señor profesor, no es otra cosa que filete de tortuga de mar. Aquí tiene usted, también, unos hígados de delfín que usted confundiría con guisado de cerdo. Mi cocinero es muy hábil y se luce en preparar conservas con esos productos variados del mar. Pruebe usted todos estos manjares. He ahí una conserva de cohombro de mar que un malayo conceptuaría sin rival en el mundo;
allá hay una crema cuya leche salió de las mamas de los cetáceos v el azúcar de los grandes fucos del mar del norte; en fin, permítame usted que le ofrezca confituras de anémonas que valen tanto como las de las frutas más sabrosas.
Y yo probé, más como curioso que como gastrónomo, mientras el capitán Nemo me encantaba con sus increíbles relatos. Cuando hubimos terminado de almorzar, levantándose de la mesa me dijo: