Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Cada uno de los fragmentos, señor Aronnax, me fue llegando de puntos diferentes del globo con destino fingido. El casco se forjó en el Creusot, Francia; el árbol de la hélice lo fundió la casa Pen y Cía, de Londres; las planchas de acero de la quilla, Leard, de Liverpool; la hélice, Scott, de Glasgow. Los depósitos los fabricó Id empresa Cail y Cía, de París; la máquina, Krupp, de Prusia; el espolón los talleres de Motala, en Suecia; los instrumentos de precisión, Hart hermanos, de Nueva York, etc., y cada uno de esos proveedores recibió mis planos con nombres diferentes.
-Pero, observé, hubo que montar, ajustar, esos fragmentos...
-Señor profesor, yo había instalado mis talleres en un islote desierto, en pleno océano. Allí, mis obreros, es decir, mis animosos compañeros a quienes instruí y formé, y yo, hemos dado término a nuestro Nautilus. Luego, una vez concluida la operación, borró el fuego toda huella de nuestro paso por el islote, al que habría hecho saltar si lo hubiese podido.
-Entonces, es lógico pensar que el costo de esta nave llega a una cantidad exorbitante...