Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Media hora después, guiados por el reguero eléctrico, llegamos al Nautilus. La puerta exterior había quedado abierta y el capitán Nemo la cerró en cuanto hubimos entrado en la primera celda. Luego apretó un botón. Oí como maniobraban las bombas dentro de la nave, sentí que el agua descendía alrededor de mí y en pocos momentos la celda quedó enteramente vacía. Abrióse entonces la puerta interior y pasamos al vestuario. Allí nos quitamos las ropas de buzo no sin algún trabajo y, muy fatigado, cayéndome de inanición y de sueño, me dirigí a mi habitación, maravillado por la estupenda excursión al fondo de los mares.