Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Acierta usted, señor profesor, me dijo después de unos instantes de silencio. Es un mundo aparte. Tan ajeno a la tierra como los planetas que acompañan a este globo alrededor del Sol y nadie conocerá jamás los trabajos de los sabios de Saturno o de Júpiter. Sin embargo, ya que acaso ha ligado nuestras vidas, puedo comunicarle el resultado de mis observaciones.
-Lo escucho, capitán.
-Usted sabe, señor profesor, que el agua de mar es más densa que el agua dulce, aunque la diferencia no es uniforme. En efecto, si represento con la cifra uno la densidad del agua dulce, hallo que las aguas del Pacífico marcan uno y veintiocho milésimos, uno y treinta milésimos las del Mediterráneo...
-“¡Ah!”, pensé, “¿conque se aventura en el Mediterráneo?”
-Uno y dieciocho milésimos las del mar Jónico y uno y veintinueve milésimos las aguas del Adriático. Evidentemente, el Nautilus no dejaba a un lado las aguas frecuentadas de Europa y saqué en conclusión que nos llevaría -tal vez dentro de poco- hacia continentes más civilizados. Pensé que Ned Land se sentiría naturalmente muy satisfecho al enterarse de semejante noticia.