Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino De manera pues que tal existencia nos parecería llevadera, natural, y no concebíamos que pudiera haber una vida distinta en la superficie del globo, cuando cierto acontecimiento vino a recordarnos lo extraño de nuestra situación.
El 18 de enero, el Nautilus se encontraba a los 105º de longitud y 15º de latitud meridional. El tiempo se había puesto amenazador, el mar bravo y encrespado. El viento soplaba del este con fuerza. El barómetro, en baja desde unos días antes, anunciaba próxima tempestad. Yo había subido a la plataforma en 0,1 momento en que el segundo tomaba los ángulos horarios. Esperaba, de acuerdo con lo corriente, que pronunciara la frase cotidiana.