Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Siempre el mismo, aunque estas pesquerÃas pertenecen al pueblo más industrioso del globo, a los ingleses, a quienes el tratado de Amiens las ha cedido en 1802.
-Me parece, sin embargo, que la escafandra, como usted la emplea, rendirÃa grandes servicios en semejante operación.
-SÃ, porque los pobres pescadores no pueden permanecer mucho tiempo bajo el agua. El inglés Perceval, en su viaje a Ceilán, habla de un cafre que permanecà a cinco minutos sin regresar a la superficie, pero el hecho me parece difÃcilmente creÃble. Sé que algunos buceadores llegan a cincuenta y siete segundos y los muy hábiles a ochenta y siete. Sin embargo, son escasos, y vueltos a bordo estos desgraciados arrojar por la nariz y los oÃdos agua tinta en sangre. Creo que la mediana del tiempo que los pescadores pueden pasar bajo las olas es de treinta segundos, durante los cuales se apresuran a acumular en una pequeña red todas las madreperlas que arrancan. Pero, generalmente, estos buceadores no llegan a viejos, se les debilita la vista, se les llenan los ojos de úlceras, en el cuerpo se les forman llagas y a menudo sufren ataques de apoplejÃa.
-SÃ, dije, es un triste oficio, ¡y no sirve más que para la satisfacción de algunos caprichos de la moda! Pero, dÃgame, capitán, ¿qué cantidad de ostras puede pescar una barca en una jornada?