Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Entonces, señor, me permitirá desearle las buenas noches. Y dicho esto, el capitán Nemo abandonó el salón. Regresé a mi cámara muy intrigado, como fácilmente se puede concebir. Traté vanamente de dormir. Buscaba una relación entre la aparición del buceador y el cofre abarrotado de oro. Pronto, me di cuenta por ciertos movimientos de rolido y cabeceo que el Nautilus, abandonando las napas inferiores, regresaba a la superficie de las aguas. Luego escuché ruido de pasos sobre la plataforma.
Comprendí que estaban desamarrando la canoa y la lanzaban al agua. Topó unos instantes contra el flanco del Nautilus, y luego todo ruido cesó. Dos horas más tarde, el mismo ruido, las mismas idas y venidas se repitieron. La embarcación, izada a bordo, fue colocada en su alvéolo, y el Nautilus tornó a sumergirse bajo las olas. De modo pues, que esos millones habían sido transportados a su destino. ¿A qué punto del continente? ¿Quién sería el corresponsal del capitán Nemo?
Al día siguiente relaté a Consejo y al canadiense los acontecimientos de la noche, que excitaban mi curiosidad a su más alto punto.
¡Mis compañeros no quedaron menos sorprendidos que yo.
-Pero, ¿dónde consigue él tantos millones?, preguntó Ned Land.
-Para esto, no hay respuesta posible.