Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Continúo. He aquà lo que sucedió. Los comerciantes de Cádiz tenÃan un privilegio especial según el cual debÃan recibir todas las mercaderÃas que provenÃan de las Indias Occidentales. Pues bien, desembarcar los lingotes de los galeones en el puerto de Vigo era ir contra su derecho. Se quejaron, pues, a Madrid, y obtuvieron del débil Felipe V que el convoy, sin proceder a la descarga, quedara a la espera en la rada de Vigo, hasta el momento en que las flotas enemigas se alejasen. Y bien, mientras se adoptaba semejante resolución, los navÃos ingleses llegaron a la bahÃa de Vigo, el 22 de octubre de 1702. El almirante de Chateau-Renaud, a pesar de contar con fuerzas inferiores, se batió valientemente; pero cuando comprendió que las riquezas del convoy caerÃan en las manos de los enemigos, incendió y barrenó los galeones, que se hundieron con sus inmensos tesoros.
El capitán Nemo se habÃa detenido. Yo, lo confieso, no veÃa aún en qué podÃa interesarme esa historia.
-¿Y bien?, le pregunté.
-Y bien, señor Aronnax, me respondió el capitán Nemo, estamos en la bahÃa de Vigo, y podrá usted conocer sus misterios. El capitán se levantó y me rogó que lo siguiera. Yo habÃa tenido el tiempo necesario para recobrarme. ObedecÃ. El salón estaba oscuro, pero a través de los transparentes cristales fulguraban las aguas del mar. Yo dirigà la mirada hacia ellas.