Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino A TODA MÁQUINA
Al oír el grito, toda la tripulación se precipitó hacia donde estaba el arponero: el comandante, los oficiales, suboficiales de la maestranza, marineros, grumetes, incluso los ingenieros, que dejaron su máquina, y los fogoneros, que abandonaron sus fogones. La orden de parar había sido dada y la fragata sólo seguía avanzando por la velocidad adquirida. La oscuridad era profunda entonces, y por buena que fuere la vista de] canadiense, yo me preguntaba cómo pudo ver algo y qué habría visto. Me latía el corazón hasta romperse.
Pero Ned Land no se había engañado y todos vimos el objeto que él nos señalaba con la mano.