Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Señor, ¿acaso un pescador de ballenas olvida nunca su oficio?
¿Acaso se harta jamás de las emociones que le procura semejante caza?
-¿No había pescado en estos mares, Ned?
-Nunca, señor. Solamente en los mares boreales, desde él estrecho de Behring hasta el de Davis.
-Entonces, le es desconocida la ballena austral. Hasta ahora persiguió únicamente a la ballena franca, la que no se atreve a pasar las aguas calientes del ecuador.
-¿Qué me dice usted, señor profesor?, replicó el canadiense con tono bastante incrédulo.
-Digo lo que es.
-¡Vaya, vaya! Yo, que le estoy hablando en este momento, capturé cerca de Groenlandia, en 1865, hace dos años y medio, a una ballena con un arpón de punta móvil clavado aún en el flanco que le habla lanzado un ballenero de Behring. Y le pregunto a usted, ¿cómo habla venido el animal, después de haber sido herido en el oeste de América, a hacerse matar en el este, sin haber doblado antes el cabo de Hornos o el de Buena Esperanza y sin haber pasado por el ecuador?
-Pienso lo mismo que el amigo Ned, dijo Consejo, y espero la explicación del señor...