Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino deseo de dormir, reacción muy natural tras una interminable noche durante la cual estuvimos luchando con la muerte.
-¡A fe que no me vendrÃa mal dormir un rato!, exclamó Consejo.
-¡Yo ya estoy dormido!, respondió Ned Land.
Mis dos compañeros se tendieron sobre la alfombra del camarote y pronto se sumieron en profundo sueño.
Por mi parte, cedà menos fácilmente a esa violenta necesidad de dormir. ¡Demasiados pensamientos se me acumulaban en la mente, demasiados problemas insolubles la apremiaban, demasiadas imágenes mantenÃanme entreabiertos los párpados! ¿Dónde estábamos?
¿Qué extraño poder nos arrebataba? Notaba yo -o, más bien, creà notar-que el aparato se hundÃa en las capas más remotas del mar. Tremendas pesadillas me obsesionaban. ¡EntreveÃa en misteriosos asilos todo un mundo de animales desconocidos, de los que este barco submarino era el congénere viviente, movedizo, formidable, como ellos!... Luego, se me calmó el cerebro, la imaginación se desvaneció en vaga somnolencia v al poco rato caà en mustio sueño.