Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra A las ocho de la mañana vino a despertarnos un rayo de luz. Las mil facetas de la lava de las paredes lo recogÃan a su paso y lo desparramaban como una lluvia de chispas.
Aquella luz era lo bastante fuerte como para permitir distinguir los objetos circundantes.
—Y bien, Axel, ¿qué dices? —exclamó mi tÃo frotándose las manos—. ¿Has pasado en alguna ocasión una noche más tranquila en nuestra casa de Königstrasse? ¡Ni el más mÃnimo ruido de carruajes, ningún grito de vendedores, nada de voces de bateleros escandalizando!
—Desde luego, hemos dormido muy tranquilos en el fondo de este pozo, pero hasta esta misma calma tiene algo de espantoso.
—Vamos —exclamó mi tÃo—, si te asustas ya, ¿qué será más tarde? TodavÃa no nos hemos adentrado ni una pulgada en las entrañas de la Tierra.
—¿Qué quiere decir?
—Quiero decir que no hemos alcanzado más que el suelo de la isla. Este largo tubo vertical, que desemboca en el cráter del Sneffels, se detiene aproximadamente al nivel del mar.
—¿Está usted seguro?
—Totalmente seguro. Consulta el barómetro.
