Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Reemprendimos el descenso, esta vez por la nueva galerÃa. Hans marchaba delante, según su costumbre. No habÃamos dado cien pasos cuando el profesor, paseando su lámpara a lo largo de las paredes, exclamó:
—¡Son terrenos primitivos! ¡Estamos en el buen camino! ¡Adelante, adelante!
Cuando la Tierra se fue enfriando poco a poco en los primeros dÃas del mundo, la disminución de su volumen produjo en la corteza dislocaciones, rupturas, contracciones. Aquel pasadizo era una fisura de este tipo, por la que en otro tiempo se derramaba el granito eruptivo. Sus mil recovecos formaban un inextricable laberinto a través del suelo primordial.
A medida que descendÃamos, la sucesión de capas que componÃan el terreno aparecÃa con mayor nitidez. La ciencia geológica considera este terreno primigenio la base de la corteza mineral, y ha reconocido que se compone de tres capas diferentes, los esquistos, los gneis, los micaesquistos, sustentados en esa roca inquebrantable que se llama granito.
Pero jamás mineralogista alguno se habÃa encontrado en circunstancias tan maravillosas para estudiar la naturaleza en directo. Lo que la sonda, máquina inteligente y brutal, no podÃa sacar a la superficie del globo de su textura interna, Ãbamos a estudiarlo nosotros con nuestros ojos y a tocarlo con nuestras manos.
