Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra De manera que el domingo por la mañana me desperté sin la preocupación habitual de una partida inmediatamente. Y aunque fuera en el más profundo de los abismos, no dejaba de ser agradable. Además, estábamos hechos a aquella existencia de trogloditas. Apenas pensé en el sol, las estrellas, la luna, los árboles, las casas, las ciudades y todas esas bagatelas terrestres que el ser sublunar ha convertido en necesidad. En nuestra calidad de fósiles, hacÃamos poco caso de esas inútiles maravillas.
La gruta formaba una amplia sala. Sobre su suelo granÃtico corrÃa suavemente el fiel riachuelo. A tanta distancia de su fuente, el agua sólo tenÃa la temperatura ambiente y se dejaba beber sin dificultad.
Después del desayuno, el profesor quiso dedicar algunas horas a poner en orden sus notas cotidianas.
—Ante todo —dijo—, voy a hacer unos cálculos para saber exactamente nuestra situación; al regreso quiero poder trazar un mapa de nuestro viaje, una especie de sección vertical del globo, que dará el perfil de la expedición.
—Será muy curioso, tÃo; pero ¿tendrán las observaciones un grado suficiente de precisión?
—SÃ. He anotado cuidadosamente los ángulos y las pendientes. Estoy seguro de no equivocarme. Veamos primero dónde estamos. Coge la brújula y observa la dirección que indica.
