Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Traté de orientar mis pensamientos hacia las cosas de la tierra. Apenas si pude conseguirlo. Hamburgo, la casa de Königstrasse, mi pobre Graüben, todo aquel mundo bajo el que yo me extraviaba pasó rápidamente ante mi memoria asustada. En una viva alucinación volví a ver los incidentes del viaje, la travesía, Islandia, el señor Fridriksson, el Sneffels. Me dije que si en mi situación aún conservaba la sombra de una esperanza, eso sería un signo de locura, y que más valía desesperar.
En efecto, ¿qué poder humano podía devolverme a la superficie del globo y separar aquellas bóvedas enormes que se arqueaban por encima de mi cabeza? ¿Quién podía ponerme de nuevo en el camino de vuelta y hacer que me reuniera con mis compañeros?
—¡Oh, tío! —exclamé con el acento de la desesperación.
Ésa fue la única palabra de reproche que subió a mis labios, porque comprendí lo que el desventurado hombre debía estar sufriendo buscándome.