Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Es lo que se llama un surtarbrandur o madera fósil.
—Pero entonces, como pasa con los lignitos, debe tener la dureza de la piedra y no podrá flotar.
—A veces ocurre eso; hay maderas que se han convertido en auténticas antracitas; pero otras, como éstas, sólo han sufrido un comienzo de transformación fósil. Mira —añadió mi tío tirando al mar uno de aquellos preciosos restos.
Tras haber desaparecido, el trozo de madera volvió a la superficie de las olas y osciló con sus ondulaciones.
—¿Estás convencido? —preguntó mi tío.
—Convencido; sobre todo de que es increíble.
Al día siguiente por la tarde, gracias a la habilidad del guía, la balsa estaba terminada; tenía seis pies de longitud por cinco de ancho; los maderos de surtarbrandur, atados entre sí por fuertes cuerdas, ofrecían una superficie sólida y, una vez botada, aquella improvisada embarcación flotó apaciblemente sobre las aguas del mar de Lidenbrock.