Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Miércoles, 19 de agosto. Por suerte, el viento, que sopla con fuerza, nos ha permitido huir rápidamente del escenario de la lucha. Hans sigue al timón. Mi tÃo, sacado de sus absorbentes ideas por los incidentes del combate, vuelve a caer en su impaciente contemplación del mar.
El viaje adopta de nuevo su monótona uniformidad, que no quiero ver rota al precio de los peligros de ayer.
Jueves, 20 de agosto. Brisa N.-NE. bastante desigual. Temperatura cálida. Navegamos con una rapidez de tres leguas y media por hora.
Hacia mediodÃa se deja oÃr un ruido muy lejano. Consigno aquà el hecho sin poder dar una explicación. Es un bufido continuo.
—Allá lejos —dice el profesor— hay alguna roca o algún islote sobre el que rompe el mar.
Hans se sube a la cima del mástil, pero no divisa ningún escollo. El océano está liso hasta la lÃnea del horizonte.
Transcurren tres horas. Los ruidos parecen provenir de una cascada lejana.
