Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —¿Se ha marchado? —exclamó Marthe, acudiendo al ruido de la puerta de la calle, que, cerrada con violencia, acababa de sacudir toda la casa.
—¡Sà —respondà yo—, se ha marchado!
—¡Vaya! ¿Y su comida? —dijo la vieja sirvienta.
—No comerá.
—¿Y su cena?
—No cenará.
—¿Cómo? —dijo Marthe juntando las manos.
—No, querida Marthe, no volverá a comer, ni nadie en la casa. Mi tÃo Lidenbrock nos pone a todos a dieta hasta que haya descifrado un viejo libro de magia que es absolutamente indescifrable.
—¡Jesús! ¿Nos vamos a tener que morir de hambre?
No me atrevà a confesar que, con un hombre tan inflexible como mi tÃo, era un destino inevitable.
La vieja sirvienta, seriamente alarmada, volvió a su cocina gimoteando.
La vieja sirvienta volvió a su cocina gimoteando.
