Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra TodavÃa durante media hora más hollaron nuestros pies aquellas capas de esqueletos. SeguÃamos hacia delante impulsados por una curiosidad ardiente. ¿Qué otras maravillas encerraba aquella caverna, qué tesoros para la ciencia? Mi mirada esperaba cualquier sorpresa, mi imaginación estaba abierta a asombrarse de todo.
Las orillas del mar habÃan desaparecido hacÃa mucho tiempo detrás de las colinas del osario. El imprudente profesor, sin la menor inquietud por perderse, me arrastraba a lo lejos. Avanzábamos en silencio, bañados por ondas eléctricas. Por un fenómeno que no puedo explicar, y gracias a su difusión, completa entonces, la luz iluminaba de un modo uniforme las diversas caras de los objetos. Su foco no estaba en ningún punto determinado del espacio y no producÃa ningún efecto de sombra. HabrÃamos podido creernos en pleno mediodÃa de un dÃa de verano en las regiones ecuatoriales, bajo los rayos verticales del sol. Todo vapor habÃa desaparecido. Las rocas, las montañas lejanas, algunas masas oscuras de confusos bosques, adoptaban un extraño aspecto bajo la uniforme distribución del fluido luminoso. Nos parecÃamos al fantástico personaje de Hoffmann que perdió su sombra.
Tras una caminata de una milla, apareció el lÃmite de un inmenso bosque, pero no uno de aquellos bosques de hongos cercanos a Puerto Graüben.
