Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna O el proyectil habría conservado cierta velocidad, y pasando del punto de la atracción igual, caería en la Luna en virtud de la atracción lunar.
O faltándole la velocidad para llegar al punto de atracción igual, caería a la Tierra, en virtud de la atracción terrestre.
O finalmente, animado por una velocidad suficiente para llegar al punto neutral, pero insuficiente para pasar de él, permanecería eternamente suspendido en aquel sitio, como el supuesto sepulcro de Mahoma, entre el cenit y el nadir.
Tal era la situación, y Barbicane explicó claramente sus consecuencias a sus compañeros de viaje, a quienes el asunto interesaba en el más alto grado. Ahora bien, ¿cómo podrían conocer que el proyectil había llegado al punto neutral situado a: sesenta y ocho mil ciento catorce leguas de la Tierra? Precisamente cuando ni ellos ni los objetos encerrados en el proyectil se sintieran sometidos a las leyes de la gravedad.
Hasta entonces los viajeros, si bien advertían que esta acción disminuía cada vez más, no habían reconocido que, faltase totalmente. Pero aquel mismo día, a eso de las once de la mañana, un vaso que tenía en la mano Nicholl, y que soltó inadvertidamente, se quedó en el aire en vez de caer al suelo.
—¡Bola! —exclamó Miguel—. ¡Vamos a tener un poco de física recreativa!