Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Al contemplar la Luna llena en un cielo despejado, no hay quien haya dejado de ver ese punto brillante del hemisferio Sur. Miguel Ardán, para calificarle, empleó todas las metáforas que le sugirió su imaginación. Para él, Tycho era un ardiente foco de luz, un centro de irradiación, un cráter que vomitaba rayos luminosos. ¡Era el eje de una rueda brillante, una arteria que abarcaba el disco entre sus tentáculos, un eje inmenso lleno de llamas, un nimbo tallado para la cabeza de Plutón! Era, en fin, como una estrella lanzada por la mano del Creador, y aplastada contra la faz de la Luna.
Tycho forma una concentración luminosa tan intensa, que los habitantes de la Tierra pueden verla sin anteojos por más que se hallen a 100,000 leguas de distancia. ImagÃnese cuál serÃa su intensidad a los ojos de los observadores situados a 150 leguas solamente. A través de aquel puro éter era tan deslumbrante su brillo, que Barbicane y sus amigos tuvieron que ahumar los cristales de sus anteojos con humo de gas, para poder sufrirlo. Después siguieron mirando, contemplando, mudos, absortos, y lanzando de cuando en cuando exclamaciones de admiración. Todos sus asentimientos, sus impresiones todas, se concentraron en la mirada, como la vida, bajo la impresión de una emoción violenta, se concentra entera en el corazón.