Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna —No hace falta mano —repuso Miguel, que no se daba fácilmente por vencido—; y en cuanto a la piedra, supongamos que sea un cometa.
—¡Ah, sÃ, los cometas! —exclamó Barbicane—. ¡Cómo se abusa de ellos! Querido Miguel, tu explicación no es mala, pero tu cometa es inútil. El golpe que ha producido esa rotura puede haber venido del interior del astro. Una contracción violenta de la corteza lunar, producida por el frÃo, ha podido producir esos rayos gigantescos.
—Pase la contracción, que es como si dijéramos un cólico lunar —respondió Miguel Ardán.
—Por lo demás —añadió Barbicane—, esa opinión es la de un sabio inglés, Nasmyth, y me parece que explica perfectamente la disposición, radiada de esas montañas.
—¡No es tonto ese Nasmyth! —respondió Miguel.
Los viajeros, a quienes el espectáculo no podÃa apenas cansar, admiraron por largo rato los esplendores de Tycho. Su proyectil, impregnado de efluvios luminosos, en aquella doble irradiación del Sol y de la Luna, debÃa parecer un globo incandescente. HabÃa pasado, pues, casi súbitamente de un frÃo rigurosÃsimo a un calor intenso; como si la Naturaleza quisiera prepararlos asà a convertirse en selenitas.