Viaje alrededor de la luna
Viaje alrededor de la luna Pasaban el tiempo en conversaciones interminables, cuyo tema principal era, naturalmente, la Luna, y cada cual ofrecÃa el contingente de particulares conocimientos: Barbicane y Nicholl siempre serios; Miguel Ardán siempre con sus raras bromas. Mientras almorzaban se le ocurrió a este último una pregunta acerca del proyectil que provocó una curiosa respuesta de Barbicane digna de referirse.
Suponiendo que el proyectil se hubiera visto detenido súbitamente cuando se hallaba todavÃa animado de su velocidad inicial, pretendÃa Miguel Ardán saber qué consecuencia hubiera tenido aquella repentina detención.
—Pero yo no sé —respondió Barbicane— cómo podrÃa detenerse el proyectil.
—Supongámoslo —respondió Miguel.
—Pero si no se puede suponer —replicó el práctico Barbicane—, a no ser faltándole la fuerza impulsiva, y entonces su velocidad habrÃa disminuido poco a poco, y no de repente.
—Supongamos que hubiera tropezado con algún cuerpo en el espacio.
—¿Con cuál?
—Con el enorme bólido que hemos encontrado, por ejemplo.
—En ese caso —dijo Nicholl— el proyectil se hubiera hecho mil pedazos y nosotros con él.