Cecilia Valdes
Cecilia Valdes … Pero si el vicio mancha su limpieza
Vertiendo en ella su funesto hielo,
Levanta el ángel de su guarda el vuelo,
Y Dios torna a otro lado la cabeza.
LUISA PÉREZ DE MONTES DE OCA
Era el día claro y calentaba bastante el sol cuando seña Josefa volvió a su casita de la calle del Aguacate. Al parecer nadie allí se había movido, excepto la gallina con sus polluelos, que buscaban la salida al patio por entre el cabio[129] y el quicio de la puerta. El primer cuidado de la anciana fue ver si la nieta reposaba en el alteroso lecho; y satisfecha de que dormía tranquila, se quitó el chal de cañamazo, se desciñó la correa y se dejó caer en la butaca, desalojando para ello al gato, que al ruido de la entrada de su ama entonces se esperezaba, abría tamaña boca y mostraba la roja lengua con los afilados dientes.
