Cecilia Valdes

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Capítulo XI

… Pero si el vicio mancha su limpieza

Vertiendo en ella su funesto hielo,

Levanta el ángel de su guarda el vuelo,

Y Dios torna a otro lado la cabeza.

LUISA PÉREZ DE MONTES DE OCA

Era el día claro y calentaba bastante el sol cuando seña Josefa volvió a su casita de la calle del Aguacate. Al parecer nadie allí se había movido, excepto la gallina con sus polluelos, que buscaban la salida al patio por entre el cabio[129] y el quicio de la puerta. El primer cuidado de la anciana fue ver si la nieta reposaba en el alteroso lecho; y satisfecha de que dormía tranquila, se quitó el chal de cañamazo, se desciñó la correa y se dejó caer en la butaca, desalojando para ello al gato, que al ruido de la entrada de su ama entonces se esperezaba, abría tamaña boca y mostraba la roja lengua con los afilados dientes.


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