Cecilia Valdes
Cecilia Valdes La alegría del corazón conserva la edad
florida, la tristeza seca los huesos.
PARÁBOLAS DE SALOMÓN.
En la época de que venimos hablando, eran rara avis los dentistas de profesión en La Habana. Siguiendo aquel refrán castellano que enseña: al que le duele la muela que se la saque, el oficio o arte dental lo ejercían, por la mayor parte, en las poblaciones, los barberos; en los campos los cirujanos, quiénes armados con el potente gatillo de acero, no dejaban diente ni muela con vida.
Había también sacamuelas intrusos o aficionados. Entre éstos, uno de nombre Fiayo se había hecho célebre por la destreza y habilidad con que ponía las raíces al aire y sin dolores de esos apéndices de la masticación. Su fama y popularidad, sin embargo, provenían del hecho, primero, de no emplear instrumento quirúrgico de ninguna clase; segundo, de no llevar dinero por sus mágicas operaciones dentarias.
