Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Por sorda y ciega haber sido
Aquellos breves instantes,
La mitad diera gustosa
De sus días miserables.
EL DUQUE DE RIVAS
Enseguida, la antigua nodriza continuó diciendo:
—Verá ahora la niña la causa verdadera del rigor con que he sido tratada. Un día… no me acuerdo bien, sólo sé que hace mucho tiempo, después de la tormenta grande de Santa Teresa, o el año en que ahorcaron a Aponte[175], me llamó el amo al comedor. Estaba solo, y me dijo:
—María de Regla, como has perdido al chico y tienes buena y abundante leche, he pensado que debe aprovecharse. En tal virtud, te he alquilado por medio del señor doctor don Tomás Montes de Oca, con un amigo suyo para dar de mamar a una niña de algunos días de nacida. ¡Ea!, con que estar lista para después de almuerzo.
