Cecilia Valdes
Cecilia Valdes Trazamos ahora aquà con brocha gorda la vera efigie de un curro del Manglar, en las afueras de la culta Habana, por aquella época memorable de nuestra historia. No es nuestro original el majo que viste traje andaluz. Es, ni más ni menos, el negro o mulato joven, oriundo del barrio dicho o de otros dos o tres de la misma ciudad, matón perdulario, sin oficio ni beneficio, camorrista por Ãndole y por hábito, ladronzuelo de profesión, que se crÃa en la calle, que vive de la rapiña, y que desde su nacimiento parece destinado a la penca, al grillete o a una muerte violenta.
Si hubiera cabido en la naturaleza del que nació curro, el aplicarse a alguna cosa buena o de provecho, no cabe duda que el de que hablamos ahora habrÃa aprendido cuando menos las primeras letras; pues es un hecho histórico que en la época de su muchachez habÃa en La Habana más escuelas de ese grado servidas por maestros de color que por blancos, y su padre, bien intencionado africano, tuvo siempre particular empeño en que recibiera alguna educación su callejero hijo.