Cecilia Valdes
Cecilia Valdes —No faltaba otra cosa, sino que tras de haberme herido por donde más me duele, esperes mi agradecimiento. ¡Qué frescura la tuya! ¿SabÃas tú que Cecilia Valdés era mi muchacha?
—Lo supe el mismo dÃa en que, según dices, te hice el flaco servicio…
—Pero antes de eso, ¿tenÃas tú noticias de su existencia? ¿ConocÃas su carácter y antecedentes?
—¡Qué habÃa de conocer! Ni jota.
—Luego, ¿cómo sin conocimiento de los hechos, sin formación de sumaria, diste el mandamiento de prisión?
—Porque hubo quien lo pidiera sin tales requisitos.
—¿Y a semejante proceder llamas amistad hacia m�
—Ahà verás.
—¿Qué delito achacan a la muchacha para el atropello?
—Ningún otro, a lo que entiendo, que el de quererte demasiado.
—AsÃ, tú a sabiendas has cometido una injusticia; digámoslo por lo claro, una arbitrariedad.
—Me confieso culpable de ese pecado.