La peineta calada
La peineta calada Al terminar el antecedente capítulo, hicimos ánimo de referir largamente en éste la desoladora escena en que los esposos se explicaron sus mutuos agravios; pero hemos mudado de parecer por razones de delicadeza y consideraciones para con nuestras amables lectoras, atento a que, por lo común las discordias domésticas interesan a pocos y son siempre enojosas de oír y de ver. Para la inteligencia de la historia basta que digamos, que fue muy acalorada la disputa; que Andrés negó a pie juntillas sus relaciones pretéritas y presentes con la Valdés; que no bastaron súplicas, ruegos, amenazas para que Dolores entregara la peineta, origen del altercado, y en fin, que los esposos se separaron más enojados que nunca. ¡Así creía la infeliz Dolores levantar una barrera insuperable entre Andrés y Rosario y sin quererlo allanaba el camino por donde habían de verse y mirarse otra vez!
