La peineta calada
La peineta calada No se figure el lector por el tÃtulo que hemos dado a esta historia, que vamos a introducirlo en uno de aquellos talleres de peineterÃa, tan numerosos aquÃ, en tiempos que la peineta era el primer adorno de la cabeza de nuestras damas y en que la concha de carey constituÃa uno de nuestros pocos ramos de industria. Muy lejos de eso, queremos que el amigo lector nos acompañe a uno de los barrios más silenciosos y tristes de esta ciudad, donde no se oyera ni se ha oÃdo nunca el martillar del platero, ni el golpear del zapatero, ni el crujir de las telas entre las cortantes tijeras del mercader.
