La peineta calada
La peineta calada La educación de Andrés había sido muy descuidada. Las vicisitudes a que estaba expuesto de continuo el establecimiento de su padre, del cual no era posible sacar más productos que los necesarios para una mezquina subsistencia, lo numeroso de la familia de que dependía, compuesta de doce individuos entre hermanos, padres y criados, hicieron que no se pensase tanto en instruirlo, como de que fuera útil, desde temprano. Por eso, mientras duró su infancia, más tiempo se le vio tras las vidrieras del baratillo que en la escuela. Pero entró para él la edad de las ilusiones y, vivo y apasionado de naturaleza, halló por eso más insoportable aquella vida de encierro, de león enjaulado, cuanto que ya no le quedaba ni el respiro de los primeros años, pues que don Gervasio había descargado en él todo el peso del establecimiento, con achaque de su edad avanzada y de su quebrantada salud.
Andrés era de índole buena y generosa.
