La peineta calada
La peineta calada Ved, pues, si Dolores amaría a Andrés, si la entristecería la inopinada desgracia que sufrió y si le prodigaría toda la ternura de su alma, todos los cuidados que sólo saben desplegar las mujeres verdaderamente caritativas, para verlo pronto fuera de peligro y del todo restablecido. Por consejo de ella desistió él de toda demanda judicial contra el agresor, dejando al juez el continuar o no de oficio, según le pareciese. Porque decía Dolores, y decía bien: –¿Qué necesidad tenemos de perseguir a un hombre que acaso procedió por equivocación? (tan bueno juzgaba a Andrés). ¿Si no se prende y castiga cual merece, no nos exponemos a que lo que antes hizo por necesidad o por error lo haga después por venganza? No hay corazón tan perverso a quien no mueva la paz pintada en el rostro del inocente.
