Eneida
Eneida ni buscando a mi esposa perdida volví la vista atrás
ni volví el alma, hasta llegar al cerro y a la mansión sagrada
de la vetusta Ceres. Cuando al fin nos juntamos allí todos,
ella sola faltó y dejó burlados a nuestros compañeros, a su hijo y a su esposo.
745 ¿A qué hombre o a qué dios no culpé enloquecido? O ¿qué vieron mis ojos
más cruel en la ciudad en ruinas? Fío a mis compañeros el cuidado de Ascanio
y de mi padre y los dioses Penates. Y en un valle sinuoso los oculto.
Me vuelvo a la ciudad y me ciño mis armas centelleantes.
750 Tomo la decisión de volver a correr todos los riesgos,
a andarme toda Troya y exponerme otra vez a los peligros.
Comienzo por volver a la muralla, a la sombría entrada de la puerta,
allá por donde había hallado paso, y sigo atento
hacia atrás mis pisadas, entre la oscuridad que escudriñan
