Eneida
Eneida 795 Acabada por fin así la noche, torno a mis compañeros
y asombrado me encuentro que en gran número
habían acudido allí otros nuevos, madres, esposos, mozos, reunidos
todos para el destierro. Movía aquella gente a compasión. De todas partes
se habían congregado con ánimo y recursos prestos para seguirme
800 donde mar adelante quisiera conducirlos. Por las cumbres más altas del Ida
ya asomaba la estrella mañanera trayéndonos el día.
Los dánaos tenían bloqueada la entrada de las puertas.
No había ya esperanza ninguna de prestarles ayuda.
Me fui de allí y con mi padre a cuestas me dirigí hacia el monte[56].
