Eneida
Eneida Yo al separarme de ellos les hablaba. Las lágrimas saltaban a mis ojos:
«Vivid dichosos. Vosotros habéis cumplido ya vuestro destino,
nosotros somos solicitados todavía de unos hados en otros.
495 Vosotros ya tenéis conseguido el descanso.
No debéis surcar ya mar alguno ni ir en busca
de los campos de Ausonia que siempre van huyendo de nosotros.
Estáis viendo la imagen del Janto y de una Troya, obra de vuestras manos,
con mejores auspicios, así os lo deseo, y menos al alcance de los griegos.
500 Si me es dado algún día adentrarme en el Tíber y en sus campos vecinos,
y llego a ver los muros otorgados a mi pueblo,
me empeñaré en hacer de nuestras mismas ciudades hermanas
y sus pueblos aliados, el Epiro y Hesperia,
—ambos tienen un mismo antecesor, Dárdano, y unos mismos infortunios—,
una Troya, una sola en espíritu.
505 ¡Que perdure este afán en nuestros descendientes!»
Navegamos mar afuera bordeando el cercano promontorio Ceraunio[81]
