Eneida
Eneida y lo aguija hundiéndole la espuela bajo el pecho.
Tan pronto como cesa su furia y se apacigua la rabia de su boca,
comienza a hablar el héroe: «Ninguna traza de sufrimientos, virgen, me resulta
105 nueva ni inesperada. Todos los he previsto y sopesado en mi alma de antemano.
Ya que, según se dice, es ésta la puerta
que conduce al rey de las regiones inferiores
y al lago tenebroso en que refluye el Aqueronte, sólo pido una gracia:
poder llegar a ver a mi padre querido cara a cara,
que me enseñes el camino y descorras las puertas sagradas a mi paso.
110 Yo a través de las llamas, entre miles de dardos que lo iban persiguiendo
lo rescaté montado en estos mismos hombros y conseguí salvarlo
de en medio de las huestes enemigas.
Él me hizo compañía por un mar y por otro
soportando conmigo la amenaza de las olas y el cielo, caduco como estaba,
más de lo que permiten las fuerzas y la misma condición de un anciano.
