Eneida
Eneida 115 Es más, él mismo me pedÃa, me instaba a que acudiera en tu busca
y me llegase suplicante a tu umbral.
Apiádate del hijo, apiádate del padre, alentadora,
te lo ruego, tú que todo lo puedes. No en vano te encargó
Hécate de los bosques del Averno. Si Orfeo[157] consiguió rescatar a la sombra
120 de su esposa confiando en el son melodioso de su cÃtara tracia,
si Pólux recobró a su hermano, muriendo en su lugar, y anda y desanda
tantas veces su camino. ¿Para qué recordar a Teseo? ¿Para qué al gran Alcides?
Yo también desciendo del linaje del soberano Júpiter».
DirigÃa estos ruegos con las manos puestas sobre el altar
cuando la profetisa comenzó a hablar asÃ:
125 «Troyano, hijo de Anquises, descendiente de sangre de dioses,
la bajada al Averno es cosa fácil. La puerta del sombrÃo Plutón
está de par en par abierta noche y dÃa, pero volver pie atrás
