Eneida
Eneida y desnuda la espada de su vaina.
Ahora se ha menester, Eneas, de coraje, ahora de entero pecho».
Dice y por la abertura de la cueva se adentra arrebatada.
El intrépido acomoda su paso al de su guía.
¡Dioses que domináis sobre las almas, sombras sin vida, Caos y Flegetonte[162]
265 y tú, ancho espacio de la muda noche, séame permitido referir lo que oí,
pueda con vuestra venia revelar los arcanos
inmersos en la sombra de lo hondo de la tierra!
Iban en sombra envueltos en la noche desierta
entre la oscuridad por la vacía morada de Plutón y los reinos sin vida,
270 lo mismo que la luz envidiosa de vacilante luna
cuando ha cubierto Júpiter de sombra
el cielo y la negrura de la noche todo lo decolora.
Enfrente del vestíbulo, al entrar en la misma hoz del Orco[163],
el Dolor ha plantado su cubil y los Remordimientos
275 vengadores y los pálidos Morbos y la triste Vejez.
