Eneida
Eneida del gran Plutón, nos lleva hacia el Elisio. En cambio el de la izquierda
conduce a donde penan los malvados, por él se va hacia el Tártaro impío».
Deífobo le replica: «No te irrites, magna sacerdotisa.
545 Ya me voy. Vuelvo a ocupar mi puesto entre las almas.
Ve, gloria nuestra, sigue tu camino y que goces
de más felices hados». Diciendo esto volvió el paso.
Mira Eneas de pronto hacia atrás y ve al pie de una roca,
a mano izquierda, un enorme recinto envuelto en triple muro.
Lo ciñe en borbollones de llamas el Flegetonte del Tártaro,
cuya rauda corriente va rodando
550 peñascos resonantes. Enfrente hay una puerta gigantesca
con columnas de sólido adamante, tales que ni los hombres ni los mismos
habitantes celestes lograrían descuajar con su embate.
Una torre de hierro se alza firme a los aires.
555 Tisífone sentada allí, ceñida de sanguinoso manto