Eneida
Eneida Venimos a buscarle atravesando los caudalosos ríos del Érebo».
Esta breve respuesta les dio el héroe: «Ninguno tiene aquí lugar fijo.
Moramos en los umbrosos bosques. Lecho nos brindan las riberas.
Poblamos las praderas que sin cesar refrescan los arroyos.
675 Pero si os fuerza el alma tan hondo afán, doblad ese collado
y en seguida os pondré en camino seguro».
Dice y marcha adelante y desde un alto
les enseña los campos luminosos. Descienden al punto de la cima.
Estaba a la sazón su padre Anquises en el fondo de un valle verdegueante,
afanado en pasar revista pensativo a unas almas
680 encerradas allí, que un día subirían a gozar de la luz.
Entonces casualmente recontaba todos sus descendientes,
los que serían sus amados nietos. Pensaba en su destino,
en su fortuna, en sus personas, en sus lances de guerra.
