Eneida
Eneida en el enorme regolfo borboteante, otras se purifican por el fuego.
Cada uno de nosotros sufre su expiación entre los muertos.
Después se nos envía allá, a través del espacioso Elisio.
Pero pocos logramos permanecer en los rientes campos.
745 Sólo el lapso de días y de días,
cuando el ciclo del tiempo está cumplido,
acaba por borrar la mancha inveterada y vuelve a su pureza del etéreo principio
y la centella de impoluta lumbre. A todas esas almas,
cuando gira la rueda del tiempo un millar de años,
llama un dios en nutrido tropel a orillas del Leteo,
750 por que, perdido todo recuerdo del pasado, tomen a ver la bóveda celeste
y comience a aflorar en ellas el deseo de volver a los cuerpos».
Deja de hablar Anquises y va llevando a su hijo
a una con la Sibila hasta el centro
de aquella densa turba vocinglera, y ocupa un altozano para tomar de frente