Eneida
Eneida Tú, Cayeta, nodriza de Eneas, también diste con tu muerte
renombre para siempre a nuestras playas. Todavía el honor que te rinden
preserva tu morada de reposo. Aún en la gran Hesperia, si algo vale esa gloria,
tus huesos continúan designando el lugar con tu nombre[209].
5 Cumplidas las exequias rituales, elevado el túmulo en su honor,
el fiel Eneas, cuando cobra la lámina del hondo mar su calma,
despliega velas y abandona el puerto.
Van soplando las brisas en la noche. La blancura radiante de la luna
favorece su rumbo. El mar riela a su trémula luz.
10 Pasan cerca rasando las orillas de la tierra de Circe[210],
la opulenta hija del Sol, donde en sus arboledas nunca holladas, no cesa
de resonar el eco de los cantos. En su mansión fastuosa arde el cedro odorante
relumbrando en la noche mientras pasa y repasa crujiente lanzadera
entre los hilos de su tenue trama. Perciben a altas horas de la noche
