Eneida
Eneida Esta respuesta de su padre Fauno,
como las advertencias que le hizo en el silencio de la noche,
no se avino a guardárselas para sí el rey Latino.
Así que ya la Fama volandera las había esparcido en ancho ruedo
105 por entre las ciudades de la Ausonia cuando los hijos
de Laomedonte ataron sus naves a un ribazo
de césped de la orilla. Eneas y los jefes principales,
y a una con ellos el hermoso Julo, se tienden a la sombra de las ramas
de un árbol talludo. Allí disponen la comida y bajo las viandas
110 van colocando tortas de espelta por el césped
(así lo aconsejaba el mismo Júpiter)
y la base de harina la aumentan con la fruta de los campos.
Entonces, consumido lo demás, acontece que la misma escasez de provisiones
les impulsa a llevarse a la boca el parvo plato de Ceres y a violar con sus manos
