Eneida
Eneida con su mano desplegó de la cima del aire ante sus ojos
una nube rutilante de luz y rayos de oro.
De repente se difunde por entre los troyanos el rumor
145 de que ha llegado el día de fundar la ciudad prometida.
Reanudan porfiados el festín, les llena el gozo de tan gran presagio.
Van poniendo las jarras y las colman de vino.
Cuando la aurora del siguiente día alumbraba la tierra con la lumbre
de su incipiente antorcha, se lanzan en distintas direcciones
a explorar la ciudad, las tierras y riberas de aquel pueblo:
150 este estanque es la fuente de Numico[217],
este río es el Tíber, aquí viven los valientes latinos.
Manda entonces el hijo de Anquises que vayan cien legados
elegidos de los distintos rangos a la augusta ciudad del rey, velados todos ellos
con los ramos de Palas[218], y que lleven presentes al monarca
155 y demanden la paz para los teucros.
