Eneida
Eneida mezclado entre los jefes de los griegos y las tropas de Oriente,
y las armas del negro Memnón[12]. Pentesilea guía encorajinada
490 sus escuadrones de broquel lunado y se enardece entre sus mil guerreras.
Con un cintillo de oro lleva prendido su desnudo pecho.
En su ímpetu guerrero no se arredra la muchacha de enfrentarse en combate con varones.
Mientras se ofrecen tales maravillas ante los ojos del troyano Eneas
495 y embebecido concentra sólo en ello la mirada, la reina Dido,
radiante de belleza se encamina hacia el templo
entre un tropel de jóvenes que le van dando escolta.
Lo mismo que Diana, que a orillas del Eurotas
o a lo largo de las cumbres del Cinto, va guiando
la danza de sus coros —la siguen mil Oréades
500 apiñadas a izquierda y a derecha—, ella al hombro la aljaba camina y a su paso
se destaca sobre todas las diosas, el gozo punza el alma de Latona en silencio,
así va Dido, ufana en medio de los suyos, alentando las obras
