Eneida
Eneida Y mientras sigue Caco vomitando en la sombra impotentes llamaradas,
allí mismo lo agarra, le prende las argollas de sus brazos,
260 le aprieta y le estrangula hasta hacerle saltar los ojos de las cuencas
y dejarle sin sangre la garganta. Descuajada la puerta queda de par en par
la sombría guarida. Y las vacas robadas, las rapiñas
que porfió en negar aparecen patentes a la luz.
El cadáver repelente lo arrastran hacia fuera por los pies.
265 No aciertan a saciarse de mirar el espanto de sus ojos,
su catadura, el pecho erizado de cerdas de aquel monstruo
y el fuego ya apagado de sus fauces.
Desde entonces se viene rindiéndole este honor.
Y las generaciones posteriores han guardado gozosas este día.
Fue Poticio el que fundó este rito y es la casa Pinaria
270 la que tiene a su cargo el culto de Hércules.
Poticio alzó este altar aquí en el bosque,