Eneida
Eneida 170 Arma en mano comunican con puentes los baluartes[307].
Les acucian Mnesteo y el brioso Seresto. A uno y a otro había puesto al frente
el jefe Eneas de los hombres en armas y les había dado el mando,
si les sobrevenía un contratiempo.
Todos montando guardia patrullan por los muros
después de echar a suerte los puestos de peligro.
175 Y vigilan por turnos el lugar señalado a cada cual.
Tenía encomendada la guarda de una puerta Niso, guerrero intrépido,
hijo de Hírtaco. El Ida cazadero se lo había mandado por compañero a Eneas,
raudo como era en disparar venablos y saetas voladoras.
Junto a él estaba allí su camarada Euríalo, el más bello entre cuantos Enéadas
180 vistieron armadura troyana[308]. Ornaba todavía sus mejillas intactas
la flor del primer bozo adolescente. Uno y otro vivían con un alma.
Juntos los dos corrían al combate.
Juntos también entonces montaban guardia ante la misma puerta.
