Eneida
Eneida Entre tanto se abren de par en par las puertas del Olimpo[333] omnipotente
y el señor de los dioses y rey de los humanos convoca una asamblea
en su solio de estrellas. Desde su altura avista todo el haz de la tierra,
el campamento dárdano y los pueblos latinos. Y van tomando asiento
5 los dioses en su sala de dos puertas. El rey comienza así:
«Moradores egregios de los cielos, ¿por qué cambiáis de parecer
y disputáis con tanto encono? Había yo prohibido que Italia se enfrentara
en guerra con los teucros. ¿Qué contienda es, pues,
ésta en contra de mis órdenes?
10 ¿Qué terror ha impulsado a unos y a otros
a arrojarse a las armas y a acosarse espada en mano?
A su hora llegará el tiempo convenido de la guerra,
—no hagáis que se adelante— aquel en que la furia de Cartago,
franqueando los Alpes, causará a los baluartes de Roma inmensa ruina[334].
