Eneida
Eneida mi esperanza en ello mientras me fue propicia la fortuna.
Que venzan los que tú quieres que venzan.
Si no hay región que tu insensible esposa les conceda a los teucros,
45 padre, te lo suplico por las columnas de humo de la arrasada Troya,
déjame que retire salvo a Ascanio del combate,
que mi nieto pueda seguir viviendo.
Paso, sí, porque Eneas vague zarandeado por el vaivén de ignotas olas
y siga el derrotero que quiera señalarle la fortuna, pero a ese niño
50 déjame que lo ampare y lo recobre de la horrenda batalla.
Es Amatunte mía, mías son la alta Pafo y Citera y el santuario de Idalia[338];
que dejando las armas pase sin gloria allí el resto de sus días.
Ordena que Cartago oprima a Italia con su ingente poder.
Por parte de Italia no tendrán
las ciudades de Tiro[339] traba alguna.
¿De qué les ha valido a los troyanos
55 escapar de la plaga de la guerra y abrirse paso
huyendo por entre el fuego argivo,